Cuando era más joven pensaba que la esencia de la música era el sonido, en parte en reacción a aquellos compositores cuyas teorías musicales no respondían a una matemática del sonido sino a una matemática ajena a la música. Ahora, sin embargo, creo que la esencia de la música es el tiempo. El sonido es más fácil de ver, más seductor, pero en realidad el devenir me parece más importante. Por eso no creo que la música que se basa en disfrutar del timbre sea un camino que pueda prosperar mucho. Tal vez si hubiese nacido fuera de occidente podría gustarme más, pero me temo que tengo las ideas de teleología y tiempo lineal demasiado arraigadas. El timbre es un atributo que prefiero que sirva a la idea de la expectación y resolución, que son los dos elementos con las que trabaja el tiempo (de hecho son los dos elementos de todo el Universo).
Muy a menudo oigo a compositores diciendo “esto es un juego de timbres” con demasiada facilidad, o escucho partituras que parecen catálogos de Ikea de todos los sonidos que un instrumento puede llegar a hacer. Todas esas cosas me ponen de bastante mal humor, y tarde o temprano llega un momento en que necesito escuchar Peaux (de Pleiades).
Por culpa de la influencia de esta idea en mi música, me siento como un bárbaro que compone a base de gritos y golpes. Esto me ocurre cuando oigo obras que realmente utilizan de modo magistral el timbre, pero eso ocurre raras veces, ya que normalmente la multitud de timbres está desorganizada, no tiene objetivo, y sólo sirve para enmascarar la pobre idea musical.
Espero que toda esa sobreestimación del timbre decaiga con el paso de los años, y volvamos a pensar en las estructuras esenciales que componen la música, sean cuales sean.
Sin duda, el timbre es un esclavo del tiempo.



Tienes razón. Incluso diría que la gente que escribe música cuyo aspecto más visible es el juego tímbrico te dirá que el tiempo sigue siendo el marco principal, y por lo tanto inevitable, de todo ello. Eso es afortunadamente así, y no podemos escribir ni tocar música que no tenga en cuenta el tiempo, cosa que nos diferencia de otros artistas: pintores, escultores, arquitectos, escritores, etc. Todos pueden abstraerse del tiempo en el disfrute de su producto artístico (perdón por el mercantilismo de la expresión), excepto los que hacen música, danza, teatro (en vivo) y, quizás, los poetas en los recitales.
Sin embargo, el tiempo en sí no es nada, es sólo un vector donde la música se inserta. El tiempo pasa de igual manera, y nuestro poder es el de llenarlo, estirarlo, contraerlo, jugar con él. Esa facultad se adquiere con la práctica y el estudio, evidentmente. Y todo eso es una métafora, porque el tiempo sigue su curso. Por lo tanto, aunque evindentemente el tiempo es el “amo” de a música y todos los demás elementos son sus “esclavos”, nunca podremos hacer música con tiempo, porque el tiempo no es nada (salvo quizás en piezas como 4’33″). Tendremos obligatoriamente que llenarlo de sonidos, timbres, acciones visuales o infrasonidos, y lo llamaremos como queramos (a mí me gusta hablar de energía, pero hay gente que organiza su tiempo con pulsaciones, con armonías o con sistemas absurdos).
Iba a hablar de los compositores que por el hecho de utilizar timbres muy seductores creen que serán capaces de moldear el tiempo del que escucha, pero no puedo hacerlo de forma que sea corto y educado (o era educado o era corto), así que no lo haré. La próxima vez.
Un saludo.
Y perdón por la parrafada…
Una aclaración sobre el tiempo en la poesía. Quizás te interese este Post:
http://irenegayraud.wordpress.com/2009/10/13/de-la-poesie-comme-art-du-temps/
De parrafada nada, siempre bienvenido!
Sobre lo de que el tiempo no es nada en sí. Mmmmm. No estoy seguro. Estrictamente es un parámetro de los sonidos, pero lo que trato de decir es que la idea es que al final es el sonido un parámetro del tiempo. Parece un poco vago y literario, lo siento, pero de momento es una sensación (de hecho apenas he puesto ningún argumento en el post, es claramente una impresión bruta sin capacidad de convencer a nadie). Y me da la sensación de que el tiempo en música está condensado. Me da la sensación de que el tiempo existe en los fragmentos de música que me gustan. Quizás me expreso mal, quizás el tiempo más que un elemento es un “género”, es como una manera de hacer las cosas. Un fragmento de mucha expectación que resuelve entra en el género tiempo. Creo que es algo más que la definición del tiempo que se da en Física. Como veis soy muy aproximado, y no me gusta serlo (me gusta no serlo en el post, pero me gusta ser más concreto en la discusión posterior), pero me temo que lo único que puedo decir es que honestamente mi experiencia se acerca a esto que tan mal expresado.
Qué chulo lo que habéis escrito ambos.
Habéis leído los escritos de Rzewski sobre composición vs improvisación? Luis, a ti te los voy a pasar cuando te vea en Navidad, porque pueden darte luces con esta cuesión. Hay algo muy impresionante que dice este hombre sobre la distinción de tiempos en improvisación y en composición: habla de que son tiempos de “naturaleza” distinta, y eso es algo que yo como intérprete lo puedo ver muy claro, pero que no sé tampoco argumentar debidamente. Recientemente te oí hablar de impro vs compo, así que tal vez las argumentaciones de este hombre te puedan resultar reveladoras.